Eje 3. Weican o Malón grande La cruenta Conquista

La organización socio-territorial que llamamos Meli Wixan Mapu indica la idea de unidad de los cuatro puntos de la tierra que habitan las distintas unidades sociales llamadas identidades territoriales que conforman el Pueblo/Nación Mapuche. Cada una de esas identidades posee un alto grado de autonomía socio-política, con autoridades propias al interior de su jurisdicción territorial y, simultáneamente, se vincula a otras para tratar asuntos que involucran a más de una identidad territorial. Este fue uno de los mecanismos de cohesión social a través de los cuales se mantuvo unida la totalidad de esa gran extensión territorial que ocupó ancestralmente nuestro pueblo y que va desde el océano Atlántico hasta el océano Pacífico en el Cono Sur de América .

Esta organización socio-territorial sobrevivió con éxito tanto al avance de la sociedad colonial iniciada luego del arribo europeo a América en 1492, como a la revolución política de los procesos estatales emancipatorios de 1810. Ello fue posible gracias a la activa política que nuestro pueblo desarrolló, combinando diplomacia y enfrentamiento armado con fines defensivos. Resultado de esta política es el conjunto de tratados que tanto las autoridades coloniales como las republicanas luego debieron concertar con nuestros representantes de aquél entonces, que reafirman la independencia política y la soberanía territorial del Pueblo Mapuche.

Esta condición será cruentamente quebrada en el periodo de 1879 a 1885, mediante la doble operación militar emprendida paralela y simultáneamente contra nuestro pueblo por Argentina y Chile, actuando bajo premisas ideológicas construidas por los intelectuales que dieron fundamento a políticas gubernamentales de exterminio y a leyes de invasión y anexión territorial votadas por los Parlamentos de sus respectivos países. En Gulumapu la invasión chilena llevó el nombre de “Pacificación de la Araucanía”, mientras en Puelmapu a la invasión argentina se la denominó “Conquista del Desierto”. Fueron sendos planes de destrucción sistemática de las instituciones sociales, políticas y culturales de nuestro pueblo que, en el caso argentino, entrañó el intento de exterminio de la población mapuce por medio de matanzas en masa, expulsión territorial, traslados forzosos y masivos, desintegración de familias, apropiación y reparto de niños, sometimiento a la condición de mano de obra servil y esclava en empresas económicas y/o en las fuerzas armadas argentinas, sometimiento a condiciones infrahumanas de vida en campos de concentración y, finalmente, la expropiación de la totalidad de nuestros bienes materiales y territoriales así como de la pérdida de nuestra independencia política y de nuestra soberanía territorial.

Las acciones emprendidas por el Estado nacional Argentino contra nuestro pueblo adquieren las dimensiones de una verdadera política de genocidio (3) tal como ha sido definida en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1948. Fue una conquista militar genocida que la memoria de nuestro pueblo ha registrado con un sentido preciso, weycan o malón grande : la gran guerra que tuvo por objetivo el saqueo de las propiedades y la desaparición del Pueblo/Nación Mapuche. Este conjunto de atrocidades cambió para siempre nuestra vida colectiva expresada en el Meli Wixan Mapu . A su vez, en el plano psicológico y emocional, dejó secuelas que en forma de traumas, síndromes de guerra y desórdenes de diverso tipo que los sobrevivientes han transmitido a las generaciones posteriores hasta el como lo demuestran los testimonios del maestro Chicó Velásquez y el relato de doña Catalina.

El tiempo de los alambrados